domingo, noviembre 07, 2010

Cuando uno está muerto todos los días son Domingo.

Hace frío, un chingo de frío. Siempre he odiado los domingos. No hay nada en la tele y me la paso pensando y preocupándome por todo lo que tengo que hacer en la semana. Lo peor es que todo mundo está igual y sin embargo no hay nadie con quien distraerse. Ayer me fui a Cocoyoc con doñaroña y a pesar de casi morir en La Pera nos la pasamos bastante bien. Me gusta salir con ella porque odia al mundo tanto como yo, siempre nos perdemos y me hace reir mucho. En una de esas pláticas de carretera salió la frase del mes:

"Este año se ha ido entre que en chinga y de la verga"

Es cierto. Este ha sido uno de los peores años de mi vida. En los anteriores habían pasado cosas malas pero siempre quedaba esa lucecita al final del túnel, esa seguridad de que todo estaba pasando porque venía algo mejor. Este año no. Este año pasaron un chingo de cosas malas y esa sensación de esperanza no está, simplemente no existe. Y aprender a vivir nada más con el dolor, los recuerdos y las ausencias no está padre porque ya no hay nada que esperar, ni qué aprender ni a dónde mirar, y sin embargo uno tiene que seguir viviendo por inercia, como un maldito zombie. Uno aprende a vivir nomás para los demás.

Por cierto, me encantó 'The walking dead'.

domingo, octubre 31, 2010

Death and taxes.

En el camino del cementerio se encontraron dos amigos.
- "Adiós", dijo el vivo al muerto.
-"Hasta pronto", respondió el muerto al vivo.



Y se nos fue octubre rapidísimo y entre los dedos. Este año no pusimos ofrenda; en esta familia poco a poco se nos van acabando las tradiciones. Me acuerdo que antes había una calaverita de azúcar con el nombre de cada uno, papel picado, adornos, veladoras, comida y la foto del bisabuelo. Debo de confesar que yo desde chica he tenido una fascinación extraña con la muerte. Me quedaba viendo la flama de las veladoras por horas y me acordaba que alguien me había dicho una vez que el humo al elevarse hace figuras tan bonitas porque ocupa el espacio entre los espíritus que flotan entre nosotros. Entonces les sonreía a los espíritus y me daban ganas de bailar así yo también. Siempre me he preguntado cómo me recordará la gente que me quiere y por cuánto tiempo, si habré dejado alguna marca en la vida de alguien que a lo mejor ni me imagino, quién irá a mi funeral y qué anécdotas platicarán sobre mi y quién habrá de ir a regar mis cenizas en el mar donde me quiero quedar para siempre. Una parte de mi siempre ha sabido que ha de ser mejor estar muerto que vivo, porque se está sin estarlo, porque uno se queda en las partes que más le gustaron, y porque se está más cerca de la gente que uno quiere; exista algo en el más allá o no. La verdad, no me da miedo la muerte, al contrario. Me da miedo la forma en como me vaya a tocar morirme, eso sí. Quizá por eso siempre he querido ser yo la que escoja, pero esa es otra historia.

Es curioso como muchas culturas y religiones coinciden en éstos días para celebrar a sus muertos. Dicen que es porque los vientos soplan más bajo y eso acerca a los espíritus. Quién sabe. Yo sólo sé que aunque no hayamos puesto ofrenda este año, no quiere decir que no recordemos a nuestros muertos tan vivos como siempre. Yo sé que Lala andará por aquí buscando sus nueces y pasitas por los rincones donde las escondía para que mi mamá no la regañara por comer tantos dulces, regará sus geranios que ya no existen y le cambiará los vestidos a sus muñecas viejas. El abuelo dará dos timbrazos, refunfuñará quizá porque no le dejamos su comida favorita, y desde ahí me mirará con sus ojos de ternura y me acariciará la cabeza antes de irse.

No los olvido nunca por que los traigo siempre en el corazón.
Feliz día de muertos.

... y hasta pronto.

jueves, octubre 14, 2010

Pa'l diccionario urbano.

Tuve yo un ex-novio hace no mucho (pero tampoco tan poco) bastante nefasto. Empecé a andar con él porque acababa de terminar con un chavito al que quise mucho y pues él ahí andaba bien puesto. Por alguna extraña razón, terminó siendo mi relación más duradera hasta la fecha, y también me atrevería a decir que la peor. El tipo era de lo más patán, un niño consentido que no sabía vivir sin marcarle al nextel a su papá para preguntarle hasta qué calzones se debía poner cada día, farol, malacopa, lucidito, y por si esto fuera poco, ni siquiera estaba guapo.

Pero bueno, una es tonta y se enamora o se clava o se aferra o se acostumbra, y hasta acabé viéndolo con ojos de amor. El día que por fin tronamos mi familia me confesó que lo odiaban. Sobre todo mi hermano. Yo no sabía porque cada vez que el susodicho iba a mi casa, mi hermano se hacía güey y lo aguantaba, pero ese día me dijo que cortar con él era lo mejor que había hecho en la vida, que le cagaba la madre (mi hermano suele usar muchas palabras altisonantes), que era el pendejo más pendejo que había conocido y que sobre todas las cosas daba gracias a Dios porque le caga que las personas lo toquen y lo abracen y como éste ex-novio pensaba que todo mundo lo quería se la pasaba dando abrazos de poser.

Y bueno, el caso es que ahora cuando llega a salir en la conversación, mi hermano se refiere a el como "el pendejo" o "el poser". Y no hay otra palabra que lo describa mejor. Por eso me dio mucha risa el comentario del ninja peruano del otro día que platicábamos:


- Oye, ¿vas a ir al Corona Capital?
- Nah, ahora a esos eventos va puro pendejo que se siente hipster, qué hueva. Va a estar lleno de Brunos...


Reí horas. De ese momento en adelante "Bruno" se convirtió en un nuevo término para el diccionario urbano. Algo así como "hacer un Homero"...



Y sí, ya lo balconée, ni modo. Meh, si no no iban a entender mi punto...

martes, septiembre 28, 2010

Tercera llamada, tercera.

Ya, por favor, que se acabe este estúpido septiembre, este maldito año, esta agonía lenta, lentísima. ¿Qué pasa si en esta vida no está lo que busco, si lo dejé en algún otro lado donde me está esperando? ¿qué se hace cuando aquí ya no hay nada, cuando uno se siente como simple espectador en una obra barata donde nada tiene sentido?...

Ya sé que ya los fastidié a todos con mis posts emo, pero siento que no puedo hablar de esto con nadie. Algo perdí hace mucho, y a lo mejor alguno de ustedes entiende este vacío que lo come a uno por dentro.

viernes, septiembre 24, 2010

Find me.

Out beyond all the breakin' of waves and the tribulation
it's a place and the home of ascended souls
who swam out there in love...
Run to the water and find me there...



Tengo ganas de escribir algo pero en este momento aún no sé que vaya a salir de mis dedos. Tengo ganas de playa, de sol, de sentir la arena tibia bajo mis pies. Tengo ganas de oir las olas a ver si me revelan el secreto que tanto he estado esperando. Tengo ganas de regresar el tiempo, de que no exista. Tengo ganas de ti y de tus manos, de tu aliento, de tus labios y de tus ojos. Tengo ganas de que los días no me duelan, de que me devuelvan lo que me han quitado a la fuerza. Tengo ganas que me regresen las partes de mi que se han robado con cada despedida, las que no me regresarán nunca. Tengo ganas de cerrar los ojos y sentir paz y no ausencias. Tengo ganas de dormir una noche completa, y que esa noche dure lo suficiente para que el futuro no logre verse y las dudas no me alcancen, y las tristezas se difuminen y el dolor desaparezca.

Tengo ganas de respirar abajo del agua, de quedarme entre las olas, de que me arrullen con su vaivén eterno.

Quizás ahí me encuentres esperándote algún día.

lunes, septiembre 20, 2010

Septiembre.

Mi cumpleaños vino y se fue. Esta vez no hubo playa, ni borrachera ni fiesta. Hubo chiles en nogada, eso sí, y a mi mamá le quedaron buenísimos. En el bicentenario no hice nada más que comer pozole con mis primos mientras veíamos la fiesta en la tele. No salí de puente. Tampoco sentí feo ayer al recordar el temblor del '85 y ver la bandera a media asta. Soy un zombie. Me pregunto si algún día me volveré a sentir viva otra vez.

Mujer casos de la vida real: El sábado fui a casa de doÑaroÑa y uno de sus amigos dijo algo que me hizo mucha gracia. Me empezó a dar risa y entonces me descubrí a mi misma haciendo una mueca horrible. Me espanté porque creo que ya no me sé reir.

Triste, ya lo sé.

sábado, septiembre 11, 2010

Dr. Psiquiatra.

Ayer me levanté poquito después de las cinco de la mañana con la idea de volver a hacer colas de mil horas para que me dieran una cita en el Centro de Salud especializado en Psiquiatría que queda hasta Buenavista (Buenavistaa, Buenavistaaa, Bueeenaviistaaaa... ¿quién no se acuerda de ese comercial?... Estúpido Lagrimita, ja). Todavía oscuro, salimos del metro (mi mamá querida me acompañó) y entramos al lugarcillo este, que para mi sorpresa estaba mucho mejor de lo que me imaginaba. Ahora sí, sin caídas ni ojos morados, me dieron mi ficha y pues a esperar a que me llamaran. Como dos horas después me llamó un doctorcito ya mayor bastante simpático, el cual me hizo mil preguntas desde que si me llevaba bien con mis papás hasta que si mi "primera vez" había sido bonita o no (gracias a Dios éste no me preguntó cuántas parejas sexuales había tenido, pff), y pues después de todo el interrogatorio, abrió su cajón y sacó su recetario. Yo en ese momento sentí que se abría el cielo y me iluminaba una luz tenue y tibia y oía a los ángeles cantar "Aleluya". El doctorcito escribió y escribió y por fin me dijo que me tomara la misma dósis de Tafil que me había estado tomando hasta ahorita, y me recetó un antidepresivo que se supone que es súper nuevo y súper acá y no causa dependencia y todo eso, y luego bien buena onda me dio una muestra con siete de esas maravillosas pastillitas. Me dijo que por nada de este mundo podía dejar de tomarlas por lo menos durante seis meses. Yo salí de ahí un poco más feliz siendo ya toda una farmacodependiente oficial, me hicieron un estudio socioeconómico y me dieron cita otra vez para enero.

Y bueno, todo era alegría y felicidad hasta que fui a la farmacia a comprar mis medicinas. Primero resultó que el doctor me recetó Tafil de 50 mg, y en NINGUNA farmacia del país existe el Tafil de 50 mg. Existe el de 25 mg. pero como es medicamento controlado pues no te pueden vender dos de esos en lugar de uno de 50. Y luego, cuando pregunté por el antidepresivo maravilloso, resulta que la cajita con 20 pastillas cuesta casi $900 pesos. No-ve-cien-tos pesos. Ah, más los cuatrocientos del Tafil, por supuesto, y yo sin chamba, gracias. Uno no puede estar loco en ésta época, me cae. Total que después de recorrer 25 farmacias, salí con las manos vacías y ahora no sé que voy a hacer. Tengo que hablar el Lunes con el doctorcito a ver si me puede cambiar el antidepresivo por otro que es la misma sustancia pero que sí pasa por el hígado y me sale $600 pesos más barato. Damn.

Por lo pronto, tengo la muestra gratis y el Tafil de antes. Espero, de verdad espero, que las mentadas pastillitas sirvan. Por que yo creo que con medicinas uno puede engañar a la cabeza y construirse una felicidad ficticia, pero me pregunto si también las pastillas pueden engañar al corazón.