Ayer me levanté poquito después de las cinco de la mañana con la idea de volver a hacer colas de mil horas para que me dieran una cita en el Centro de Salud especializado en Psiquiatría que queda hasta Buenavista (
Buenavistaa, Buenavistaaa, Bueeenaviistaaaa... ¿quién no se acuerda de ese comercial?... Estúpido Lagrimita, ja). Todavía oscuro, salimos del metro (mi mamá querida me acompañó) y entramos al lugarcillo este, que para mi sorpresa estaba mucho mejor de lo que me imaginaba. Ahora sí, sin caídas ni ojos morados, me dieron mi ficha y pues a esperar a que me llamaran. Como dos horas después me llamó un doctorcito ya mayor bastante simpático, el cual me hizo mil preguntas desde que si me llevaba bien con mis papás hasta que si mi "primera vez" había sido bonita o no (gracias a Dios éste no me preguntó cuántas parejas sexuales había tenido, pff), y pues después de todo el interrogatorio, abrió su cajón y sacó su recetario. Yo en ese momento sentí que se abría el cielo y me iluminaba una luz tenue y tibia y oía a los ángeles cantar "Aleluya". El doctorcito escribió y escribió y por fin me dijo que me tomara la misma dósis de Tafil que me había estado tomando hasta ahorita, y me recetó un antidepresivo que se supone que es súper nuevo y súper acá y no causa dependencia y todo eso, y luego bien buena onda me dio una muestra con siete de esas maravillosas pastillitas. Me dijo que por nada de este mundo podía dejar de tomarlas por lo menos durante seis meses. Yo salí de ahí un poco más feliz siendo ya toda una farmacodependiente oficial, me hicieron un estudio socioeconómico y me dieron cita otra vez para enero.
Y bueno, todo era alegría y felicidad hasta que fui a la farmacia a comprar mis medicinas. Primero resultó que el doctor me recetó Tafil de 50 mg, y en NINGUNA farmacia del país existe el Tafil de 50 mg. Existe el de 25 mg. pero como es medicamento controlado pues no te pueden vender dos de esos en lugar de uno de 50. Y luego, cuando pregunté por el antidepresivo maravilloso, resulta que la cajita con 20 pastillas cuesta casi $900 pesos. No-ve-cien-tos pesos. Ah, más los cuatrocientos del Tafil, por supuesto, y yo sin chamba, gracias. Uno no puede estar loco en ésta época, me cae. Total que después de recorrer 25 farmacias, salí con las manos vacías y ahora no sé que voy a hacer. Tengo que hablar el Lunes con el doctorcito a ver si me puede cambiar el antidepresivo por otro que es la misma sustancia pero que sí pasa por el hígado y me sale $600 pesos más barato. Damn.
Por lo pronto, tengo la muestra gratis y el Tafil de antes. Espero, de verdad espero, que las mentadas pastillitas sirvan. Por que yo creo que con medicinas uno puede engañar a la cabeza y construirse una felicidad ficticia, pero me pregunto si también las pastillas pueden engañar al corazón.