En estos diez años, hubo contenidos tres mundiales de fútbol y tres olimpiadas. Estalló la guerra de Irak, tiraron las Torres Gemelas, un tsunami destruyó Tailandia, hubo una boda real vista por millones y se inventó el iPhone. Yo acabé una carrera, trabajé siete de esos diez años en publicidad, tuve un gato, conocí Europa, pasé un año nuevo en NYC, otro en un bar gay de San Francisco dándole la bienvenida a uno de los grandes amores de mi vida para pasar el que le siguió despidiéndolo en la cama fría de un motel. En esos diez años, me hice cuatro tatuajes y seis piercings, me corté el pelo, me volvió a crecer y me lo volví a cortar, casi muero de salmonela, besuquée a cuanto guapo se me antojó, fue mi primera vez y después me volví experta en el sexo a base de pura práctica, me enamoré como unas quince veces, me desenamoré unas veinte, aprendí a esquiar y a wakeboardear, intenté hacer snowboard, me revolcó una ola, casi me ahogo en el mar, conviví con un pomeranian, viví con dos gays, presencié el funeral de un drag queen en un pub también en San Francisco, estuve en el Golden Gate, en la Torre Eiffel, en la Sagrada Familia, en el Big Ben, en la 5ta avenida, en los Cabos, en Playa del Carmen, Ixtapa, Santa Cruz y Puerto Vallarta; fui a un promedio de ocho bodas, me compré mucha ropa, más zapatos, conocí mucha gente nueva, perdí amigos que resultaron no ser mis amigos de a de veras, pasé varios cumpleaños borracha en Acapulco, me puse muy muy peda varia vez, lloré amargamente lamentando mi vida, me pusieron el cuerno, puse el cuerno, disfruté parrilladas y Navidades con la familia, perdí a una abuela y a un abuelo, escribí en tres blogs (o cuatro), chillé como quinceañera con películas cursis, nació el hijo de mi mejor amiga, leí muchos libros, supe como acababa Harry Potter, descubrí que los europeos se rasuran TODO, entré al gimnasio, me deprimí tanto que pensé que no la libraba, bailé hasta altas horas de la noche con mis amigas y mis tacones, se graduó mi hermano, fumé mota, extrañé a mi país cuando estuve lejos, me atasqué de quesadillas, hice mi perfil en Facebook, me volví adicta al tuiter, pasé muchas noches en camas que no son la mia, aprendí a cocinar chilaquiles, le entregué mi corazón a todas las personas equivocadas, me rompieron la madre, me caí y me quedó un ojo morado por dos semanas, aprendí mucho de mi a punta de madrazos, me volví una mejor persona, me empecé a caer bien y a gustar tal cual soy...
Y todo eso junto con muchas cosas más que pasaron a lo largo del camino, me trajeron aquí, me llevaron hoy a esa calle en la Condesa donde él, tan diferente y tan el mismo de hace diez años, me preguntó con su sonrisa tierna: Andrea, ¿quieres andar conmigo?
Continuemos la historia.
Sunday Secrets
Hace 4 años